Jueves, 02 Mayo 2019 10:08

Reconocerse como ciudadano

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Con lágrimas, con una sonrisa como el que ha ganado un premio en un sorteo, con la incredulidad de que pueda ser verdad…asi reciben el permiso de residencia y trabajo algunas de las personas con las que compartimos el viaje en el Proyecto Nazaret.

Y es que obtener un documento, que es un trámite administrativo que debería ser habitual, se convierte en una verdadera proeza. Es curioso que cuando realizamos actividades de sensibilización en diferentes espacios y preguntamos sobre qué se dice de las personas inmigrantes, lo primero suele ser: “nos quitan el trabajo”.

Pocos saben que si para todos y todas los españoles es difícil conseguir un trabajo, para las personas inmigrantes es casi misión imposible. Entre otras cosas porque la ley no les permite trabajar en nada sin un permiso de residencia y trabajo, y para conseguir éste, necesitan esperar 3 años desde su llegada a España para presentar un “informe de arraigo social”. Para ello deben demostrar que durante ese tiempo han residido (sobrevivido) en nuestro país. Una vez obtenido este informe, necesitan presentar un contrato de trabajo de un año de duración a tiempo completo (¿eso existe para los que trabajan por primera vez?). Y una vez superado esto, solucionar trámites administrativos en su país de origen, en el nuestro, en embajadas…El tramite suele demorarse tanto que a veces algunos empresarios/as no pueden esperar y no pueden seguir ofreciendo el contrato.

Así, tan cansador como suena, es un proceso que se vuelve absurdo, cuando además hay personas que antes de los tres años puede tener ya un contrato; o cuando ese contrato es viable con menos tiempo de duración, como el de la mayoría de jóvenes en España; o cuando casi tocas el cielo con los dedos pensando que ya lo tienes y se te vuelve a caducar un papel que debes volver a tramitar en tu país, con nuevas tasas. Y las compañeras abogadas y trabajadoras sociales del Proyecto saben bien lo que es todo este camino.

Quizás ahora se entiendan las lágrimas de alegría, los saltos, las celebraciones por obtener un documento que, aunque es un derecho que debería ser otorgado sin tantos impedimentos, se vive como un regalo de los dioses, porque, para algunos, es la concreción del sueño vital que los ha movido durante años por miles de kilómetros y situaciones.

Lunes, 29 Abril 2019 12:06

Sinhogarismo y elecciones ¿participamos?

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La semana pasada, antes de las elecciones, veíamos en los telediarios y leíamos en los periódicos que un grupo de personas en situación de sin hogar pernoctaba frente al ministerio de sanidad con el objetivo de visibilizar la situación y conseguir un compromiso de políticas frente a la erradicación del sinhogarismo.

Sobre el papel, la situación de sinhogarismo es sufrida por un 0.1% del censo electoral, puede parecer poco, y debe parecerle poco a los diferentes partidos, ya que no se aborda de forma específica en ninguno de los programas políticos de los partidos que han adquirido representación parlamentaria, pero son situaciones tan dolorosas y complejas que deberían estar en el panorama político.
Además, dada la problemática habitual que sufren las personas en estas situaciones en torno al empadronamiento, la participación se hace difícil y no observamos inquietud para solventarla.

Desde Cáritas, entendiendo a las personas en situación de sin hogar con la misma dignidad que el resto de seres humanos y, como tal, con los mismos derechos civiles que todos nosotros, planteamos que se está produciendo una dejadez del estado, en tanto en cuanto existen dificultades manifiestas para ejercer el derecho de participación.

Pero claro, si no existes, no tienes presencia en los programas políticos; si no ejerces presión social, no interesas a los diferentes partidos; si no apareces en los medios, no se va a plantear en los diferentes debates como mejorar tu vida.

Pues para nosotros existís, presionamos con vosotros e intentamos poneros en el centro del debate social. Los derechos se blindan, y el derecho a participación política debe estar blindado; en definitiva, que el estado facilite el ejercicio de un derecho como el voto y no lo dificulte, es un primer paso para crear una sociedad abierta, acogedora y responsable.

En esta clave de participación política, y con la reciente modificación de la LOREG (Ley Orgánica de Régimen Electoral General) hemos observado cómo se incluyen a las personas incapacitadas judicialmente en los procesos electivos, ¿quizás sea un primer paso a la hora de facilitar el ejercicio de voto para los colectivos más vulnerables? 

 
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Notre DameComo si se quemara algo propio, muchos sentimos cómo ardía, delante de nuestros ojos, porque la globalización de los medios así lo permite, la catedral de Notre Dame de París. Y de forma unánime se expresaba que, en el fondo, lo que ardía era un símbolo, una realidad con la que se identifica mucha gente a nivel mundial. Una señora marroquí, musulmana, reconocía que lo que ardía era algo que está por encima de su ser religioso, era el reflejo de una parte de nuestra historia común.

Este desastre ha conmovido a muchas personas, que muchos hasta ahora no conocíamos, y se han comprometido con grandes sumas de dinero para reconstruir el edificio caído. El propio primer ministro francés se comprometía a crear de forma inmediata un fondo para hacer frente a lo costosa que será la reconstrucción. Los diputados empiezan a hacer ofrecimientos de partes de su salario... Todo un movimiento de solidaridad incuestionable.

En el mismo espacio informativo, y no como una noticia nueva, sino como una realidad continuada, aparecía la realidad de Yemen y la hambruna creciente que está provocando la muerte de una inmensa cantidad de personas. Y en ese mismo espacio, se hablaba de la prohibición de paso del barco Aita Mari que llevaba una "sospechosa" carga humanitaria para repartir entre personas que se han jugado la vida por sobrevivir. Y no en el mismo espacio, porque no se puede informar todos los días de la misma realidad, pero sí al mismo tiempo, miles de personas siguen arriesgando sus vidas, y perdiéndola en muchas ocasiones (solo en lo que llevamos de año sabemos que van más de 300 personas ahogadas en el Mediterráneo y el Estrecho) intentando alcanzar un lugar donde dar dignidad a sus vidas.

Las migraciones forzadas, unidas y a veces como consecuencia del grave deterioro ambiental provocado por un mundo que se hace insostenible por sus hábitos de consumo, es el reflejo de otra realidad que se derrumba: la de nuestro planeta como casa de todos y todas. Sin embargo, esta realidad, que la vemos también a diario ante nuestros ojos, no solo no mueve a las grandes potencias a buscar soluciones, sino que se refuerzan y escudan pensando que lo que se desmorona es "lo de fuera". Y se amurallan, gastando enormes sumas de dinero, pensando que cerrando los ojos la realidad dejará de existir y el problema se acabará

Hasta ahora, el símbolo que nos identificaba como personas era la Humanidad, entendida como la forma que tenemos de conmovernos al ver una realidad, de sentir que, nazcas donde nazcas, tienes el mismo valor como persona. Y la misma globalización que nos ha mostrado en vivo el desastre de Notre Dame, nos muestra a diario la realidad de dolor, sufrimiento y muerte ante la que quedamos impasibles.

¿Será que la solidaridad y el reconocimiento de que toda persona tiene la misma dignidad han dejado ser los símbolos que nos representan como humanos?

Sabemos que no es solo cuestión de enviar más fondos, pero si de revisar la prioridad del destino de los mismos, y asegurarnos si van encaminados a mejorar las condiciones de vida de todos, si no queremos seguir siendo espectadores impasibles del derrumbe de nuestros verdaderos valores, y con ello, el desplome de una sociedad que queremos construir como espacio para todos y todas.

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