Lunes, 18 Febrero 2019 11:27

Los sucesos del Tarajal... ¿por sistema?

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MARCHA AL TARAJAL

Yves, Samba, Daouda, Keita,,, son solo algunos de los nombres de los fallecidos en la playa del Tarajal hace ya cinco años cuando intentaban cruzar la frontera española a través del mar.

Para ese día, solo eran números, como tantas otras veces: "15 inmigrantes murieron al intentar…”. Pero todo cambia cuando detrás de esa noticia aparece un nombre propio, que no solo hace referencia a una persona, sino al proyecto de toda una familia, que se ve ahogado en ese momento.

Desde Proyecto Nazaret esta es la realidad que vivimos cotidianamente. No es un proyecto que trabaje con un colectivo. Trabajamos con personas con nombre, apellido, familia, historia... y sueños, muchos sueños. Nacidos antes del día que deciden salir de sus casas. A veces de mutuo acuerdo con la familia; otras, la mayoría, casi a escondidas, para evitar el sufrimiento de esa decisión. Sueños que se van transformando, rehaciendo, creciendo... en un tránsito, a veces increíblemente duro, por diferentes países. La capacidad de sus sueños es lo que les hace pasar por diferentes lugares, bajo condiciones que nunca habrían pensado, como el desierto del Sahara. Desconocemos la cantidad de personas, compañeros, que han muerto en ese inmenso cementerio que nadie quiere nombrar y los que pasan intentan olvidar para poder seguir adelante, reforzando el deseo de, un día, devolver una llamada a su familia contando que han logrado sobrevivir…

Aún deben pasar por Argelia para poder buscar trabajos en condiciones de semiesclavitud, para poder volver a ahorrar algo de dinero que le permita llegar a un destino que desconocen. Y algún día consiguen pasar a Marruecos, chocando una vez más con la realidad de una sociedad que. en una gran parte. los excluye, donde la represión policial, financiada por "los acuerdos de cooperación en materia de migración" de Europa, intenta desmontar nuevamente los sueños a base de redadas, porra y exclusión, obligándoles a vivir en la zona de montaña alejada de la población, en condiciones que nunca antes habían vivido. Y si son atrapados... vuelven al punto de partida, al desierto. Una, dos, tres, cuatro veces intentan pasar por la valla de Melilla, Ceuta, por el mar, propcurando dar lo que piensan que es el último paso de su trayecto.

Pero ese día muchos, intentando dar el paso, pensando que llegaban al lugar donde poder empezar realmente su destino se encontraron con bolas de goma que impedían su acceso a tierra. Desconcierto, miedo, rabia, coraje…Todo hundido en el mar. Y no solo con los que fallecieron. Todos los que lo vieron, los que sobrevivieron y los que no pudieron ni intentarlo. Pero también muchos de los que, en esta otra orilla, veíamos sorprendidos cómo las normas internacionales más elementales eran vulneradas.
Y es que la “política de las pelotas de goma” sigue activa. Porque una vez aquí se siguen disparando argumentos de rechazo que hunden a diario a muchas personas que solo tienen interés en trabajar, construir, crecer...

Pelotazo de goma es pedir que se vuelva en la frontera a alguien que viene huyendo de la pobreza; pelotazo de goma es negar durante 3 años la posibilidad para encontrar un contrato de trabajo, incluso queriéndolo el empleador; pelotazo de goma es también cuestionar la posibilidad de tener asistencia sanitaria... por no “ser de aquí”; pelotazo de goma es que tengas siempre que explicar que tu creencia religiosa no está cargada de violencia, como ocurre con los musulmanes.

Recordar el Tarajal y hacernos presente como Caritas es unirnos a todas aquellas personas que juntos trabajamos por entender que previo a todos los derechos está la persona, con todos los derechos reconocidos como humanos por el solo hecho de ser persona.

 
Viernes, 08 Febrero 2019 11:21

Poco a poco

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inclusion camino

Acompañando procesos. Los que trabajamos en Cáritas hemos oído infinidad de veces que nuestra metodología y modelo de trabajo se debe centrar en acompañar -al lado, nunca delante dirigiendo, ni detrás empujando- procesos, caminos que han comenzado, que posiblemente sean largos y que se han de recorrer abiertos a la incertidumbre.

Cuando nos conocimos en octubre del 2017, él estaba serio, enfadado y triste. Apenas hablaba español y eso le ayudó a decidir qué cosas quería contarnos y cuáles no. Un chico de 33 años, con 10 de ellos en la calle, que pensaba que la vida se le estaba escapando de las manos. Aún no es tarde, nunca lo es, y esto lo vamos a hacer poco a poco, sin prisa pero sin pausa. Y él, poco a poco, se convirtió en nuestro santo y seña, tanto para liberarnos de tensiones como para saber que cada cosa tiene su tiempo, su hora y su lugar.

“Señor, que vea”, pedía el ciego de Jericó; “que me vean”, sería hoy nuestra esperanza.

En el camino hemos crecido tanto él como nosotros acompañándolo; hemos pasado por la angustia del verano, las caídas del otoño, el frío del invierno, y disfrutado de cómo la vida se abría paso en primavera. Y en este caso la primavera llegó en diciembre y nos preparamos para un sprint, y él, poco a poco, nos empujó a acelerar el paso, y el futuro ya no lo era tanto.

Llaves para la autonomía y una oferta ecológica que daría lugar luz verde a documentación, sanidad sin renovaciones, seguridad social y empleo. Y la dignidad volvió a revestirnos para la ocasión.

Al salir de la oficina el funcionario no sabe el valor de ese documento que acaba de sellarle, ni de cuánto ha caminado para llegar hasta aquí. ¿Y ya está?. me preguntó olvidándose de las horas de sueño perdido, de las normas y limitaciones, de no entender pero aceptar desde la confianza, de cada paso lleno de cansancio. ¿Cómo que ya está?, respondí.

“Será que no me acostumbro si no es poco a poco” 

 
Miércoles, 16 Enero 2019 10:24

La Ruta en Nochebuena

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"Que no se me acostumbre el corazón, Señor..." Esta es la primera frase de la oración que hacemos antes de cada ruta, pero veo que, de alguna manera, busco las herramientas para disfrutar de mi cena de Nochebuena en familia habiendo vivido horas antes la experiencia de la ruta: nunca tantos hermanos dormidos, acurrucados en su cartón ya a las 7 de la tarde. Parece que la Nochebuena es aún más dura que cualquier otra noche y es mejor pasarla cuanto antes, dormirla entera, si es posible. Nos acercamos a esta realidad, que cada día nos es menos ajena, con un caldo, un sándwich, un par de mantecados y un pequeño Niño Jesús que nos recuerde, a él y a nosotros, que Dios nace de nuevo, para todos. Y nace para quedarse en nuestras vidas, ¡en las de todos!

Es difícil vivir la contradicción: aparece por delante un espejo en el que se ven mis apegos e incoherencias y busco la fórmulas para soportarlas sin cambiar... sin cambiar del todo. Incoherencias porque yo ceno cada día, duermo en mi cama y vuelvo a casa con mi familia después de cada ruta. Incoherencias porque no se me escapa que tengo mucho más de lo que necesito, porque a ninguno invité hoy a mi cena familiar ni al calor de mi hogar. No tengo explicación, ni palabras de consuelo, no sé por qué a él se le puso un día la vida tan cuesta arriba que solo vio esa opción que finalmente le condujo a vivir en la calle.

Y no tengo soluciones, ni para él ni para mí. Sólo se me ocurre poner nuestras vidas, las dudas y contradicciones en las manos del Señor, compartirlas para orarlas en comunidad y que venga su luz... Y siento en el fondo de mi corazón que es Él quien me dice que las tolere, que las sobrelleve con paz, esa paz que solo es posible si me mantengo pegadita a Él, como el pequeño sarmiento a la vid, que me exponga y me entregue lo que pueda y como pueda, que salga a Su encuentro en el encuentro con el hermano, que esta es una historia de amor y de salvación. Una salvación que no es suya ni mía, sino nuestra…, y que así, iguales, en medio de nuestras miserias, en cualquier momento será posible lo que también dice nuestra oración: que seamos "dos hermanos, que en un trozo del camino se dignifican mutuamente". ¡Así sea!

Magüi,
voluntaria del proyecto Pedro Dónders
de la Cáritas Parroquial del Santísimo Redentor.

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