Miércoles, 16 Enero 2019 10:24

La Ruta en Nochebuena

"Que no se me acostumbre el corazón, Señor..." Esta es la primera frase de la oración que hacemos antes de cada ruta, pero veo que, de alguna manera, busco las herramientas para disfrutar de mi cena de Nochebuena en familia habiendo vivido horas antes la experiencia de la ruta: nunca tantos hermanos dormidos, acurrucados en su cartón ya a las 7 de la tarde. Parece que la Nochebuena es aún más dura que cualquier otra noche y es mejor pasarla cuanto antes, dormirla entera, si es posible. Nos acercamos a esta realidad, que cada día nos es menos ajena, con un caldo, un sándwich, un par de mantecados y un pequeño Niño Jesús que nos recuerde, a él y a nosotros, que Dios nace de nuevo, para todos. Y nace para quedarse en nuestras vidas, ¡en las de todos!

Es difícil vivir la contradicción: aparece por delante un espejo en el que se ven mis apegos e incoherencias y busco la fórmulas para soportarlas sin cambiar... sin cambiar del todo. Incoherencias porque yo ceno cada día, duermo en mi cama y vuelvo a casa con mi familia después de cada ruta. Incoherencias porque no se me escapa que tengo mucho más de lo que necesito, porque a ninguno invité hoy a mi cena familiar ni al calor de mi hogar. No tengo explicación, ni palabras de consuelo, no sé por qué a él se le puso un día la vida tan cuesta arriba que solo vio esa opción que finalmente le condujo a vivir en la calle.

Y no tengo soluciones, ni para él ni para mí. Sólo se me ocurre poner nuestras vidas, las dudas y contradicciones en las manos del Señor, compartirlas para orarlas en comunidad y que venga su luz... Y siento en el fondo de mi corazón que es Él quien me dice que las tolere, que las sobrelleve con paz, esa paz que solo es posible si me mantengo pegadita a Él, como el pequeño sarmiento a la vid, que me exponga y me entregue lo que pueda y como pueda, que salga a Su encuentro en el encuentro con el hermano, que esta es una historia de amor y de salvación. Una salvación que no es suya ni mía, sino nuestra…, y que así, iguales, en medio de nuestras miserias, en cualquier momento será posible lo que también dice nuestra oración: que seamos "dos hermanos, que en un trozo del camino se dignifican mutuamente". ¡Así sea!

Magüi,
voluntaria del proyecto Pedro Dónders
de la Cáritas Parroquial del Santísimo Redentor.

Please publish modules in offcanvas position.