La semana pasada, antes de las elecciones, veíamos en los telediarios y leíamos en los periódicos que un grupo de personas en situación de sin hogar pernoctaba frente al ministerio de sanidad con el objetivo de visibilizar la situación y conseguir un compromiso de políticas frente a la erradicación del sinhogarismo.
Sobre el papel, la situación de sinhogarismo es sufrida por un 0.1% del censo electoral, puede parecer poco, y debe parecerle poco a los diferentes partidos, ya que no se aborda de forma específica en ninguno de los programas políticos de los partidos que han adquirido representación parlamentaria, pero son situaciones tan dolorosas y complejas que deberían estar en el panorama político.
Además, dada la problemática habitual que sufren las personas en estas situaciones en torno al empadronamiento, la participación se hace difícil y no observamos inquietud para solventarla.
Desde Cáritas, entendiendo a las personas en situación de sin hogar con la misma dignidad que el resto de seres humanos y, como tal, con los mismos derechos civiles que todos nosotros, planteamos que se está produciendo una dejadez del estado, en tanto en cuanto existen dificultades manifiestas para ejercer el derecho de participación.
Pero claro, si no existes, no tienes presencia en los programas políticos; si no ejerces presión social, no interesas a los diferentes partidos; si no apareces en los medios, no se va a plantear en los diferentes debates como mejorar tu vida.
Pues para nosotros existís, presionamos con vosotros e intentamos poneros en el centro del debate social. Los derechos se blindan, y el derecho a participación política debe estar blindado; en definitiva, que el estado facilite el ejercicio de un derecho como el voto y no lo dificulte, es un primer paso para crear una sociedad abierta, acogedora y responsable.
En esta clave de participación política, y con la reciente modificación de la LOREG (Ley Orgánica de Régimen Electoral General) hemos observado cómo se incluyen a las personas incapacitadas judicialmente en los procesos electivos, ¿quizás sea un primer paso a la hora de facilitar el ejercicio de voto para los colectivos más vulnerables? 

 
Miércoles, 20 Febrero 2019 10:31

Un día para la Justicia Social

El 20 de febrero se celebra el día de la Justicia Social. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) adoptó por unanimidad la Declaración de la OIT sobre la justicia social para una globalización equitativa el 10 de junio de 2008.

La ONU reconoce que el desarrollo social y la justicia social son indispensables para la consecución y el mantenimiento de la paz y la seguridad en las naciones y entre ellas, y que, a su vez, el desarrollo social y la justicia social no pueden alcanzarse si no hay paz y seguridad o si no se respetan todos los derechos humanos y las libertades fundamentales. Por ello espeta a los países y empleadores a trabajar por el bienestar humano real y sostenible ya no solo el consumo material.

Es paradójico que la ONU cree un día para defender la justicia social justo el año en que todo se desmoronó. La globalización no se ha traducido en una nueva era de prosperidad para todos, las desigualdades también aumentaron radicalmente en la mayoría de las regiones del mundo. La distribución individual de la riqueza se volvió aún más desigual. La desigualdad y las crisis alimentarias aumentaron creciendo exponencialmente las situaciones de pobreza.

En una época de abundancia, donde se busca agua en la luna y en Marte, pero en la Tierra mueren todos los días 1000 niños por falta de esta, algo tenemos que cambiar, y no remitirnos a un “día mundial” para que los jefes de estado de los países ricos queden bien en sus fastuosas reuniones.

La búsqueda de justicia social, debe ofrecer a cada hombre y a cada mujer la posibilidad de reivindicar libremente y en igualdad de oportunidades su justa participación en las riquezas que han contribuido a crear.

Debemos exigir medidas concretas para erradicar la pobreza, para llegar al pleno empleo, al trabajo decente, a la igualdad entre géneros, razas..., el acceso a los bienes sociales.

Sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes.  

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