Viernes, 19 Julio 2019 08:18

Lo cotidiano como conquista

Estas dos últimas semanas, hemos podido ver en prensa el éxito que han alcanzado algunos de nuestros participantes después de mucho luchar en el camino por labrarse un futuro, con la ayuda de personas que trabajan con constancia junto a ellos para que esto pueda ser así. Participantes que hoy estudian carreras, son cocineros, tienen trabajo fijo, un alquiler y hasta han formado una familia aqui. Es un regalo mostrar que, entre todos, esto es posible, y agradecemos que haya espacios para darlo a conocer. Mucho. 

Hoy, queremos ir un paso más allá. Reflexionando sobre el tema, y teniendo como horizonte lo que nos gustaría que fuera...¿Debería ser noticia que alguien estudie la enseñanza secundaria... y la apruebe? ¿Es un prodigio que un joven pueda acceder a la universidad? ¿Trabajar de cocinero es una excepción que confirma la regla? Pues sí. Aún es así. Aunque hablamos de igualdad de oportunidades, muchas son las personas que para acceder a recursos básicos de cualquier ciudadano se encuentran con trabas imposibles. En el caso de las personas migrantes. ellos hablan de vallas a veces más altas que las de Ceuta y Melilla; vallas en las que además deben también evitar múltiples concertinas burocráticas que le impiden avanzar como personas, debiendo reiniciar una y otra vez el camino andado.

Nos queda aún mucho para asumir que la ciudadanía (y todos los derechos que ello conlleva) no puede seguir ligada a documentos, fronteras, tiempo de estancia, sino que nos lo da el hecho de residir y convivir en un lugar. Una traba administrativa como es la falta de un documento (como si nosotros nos quedáramos sin DNI) no puede ser un obstáculo permanente para acceder a la formación o el trabajo, cuando se han hecho todos los esfuerzos para desarrollarlos de forma suficiente (aprendizaje de la lengua, conocimiento de las formas de hacer, experimentar la cultura de acogida).

Desde el Proyecto Nazaret vivimos en lo cotidiano todas esas alegrías: la obtención de una documentación, el aprendizaje de la lengua tras grandes esfuerzos cotidianos, el acceso a pruebas que abren el camino de la formación (la ESA, la formación profesional, cursos de empleo, acceso a la universidad). Y es verdad que no son logros fáciles, máximo cuando se viene de otro país con otra cultura, con otra lengua, sin recursos, sin redes de apoyo, sin más equipaje que el deseo de conseguir un sueño elaborado durante mucho tiempo.

Como Hayouba, Isabelle, Alhassan, Bassi, Sani o Jean Baptiste, son varios los jóvenes que vemos caminar alcanzando parte de lo que buscaban. Pero podrían ser muchos más si cambiamos nuestra forma de ver la realidad de las personas migrantes y ofrecemos oportunidades, que aprovecharán sin duda, en vez de bloqueos mentales producto de un miedo infundado que limita las posibilidades de muchos hermanos y hermanas que ya viven con nosotros y que seguro aportarán mucho a nuestra realidad.
 

Lunes, 18 Febrero 2019 11:27

Los sucesos del Tarajal... ¿por sistema?

 

MARCHA AL TARAJAL

Yves, Samba, Daouda, Keita,,, son solo algunos de los nombres de los fallecidos en la playa del Tarajal hace ya cinco años cuando intentaban cruzar la frontera española a través del mar.

Para ese día, solo eran números, como tantas otras veces: "15 inmigrantes murieron al intentar…”. Pero todo cambia cuando detrás de esa noticia aparece un nombre propio, que no solo hace referencia a una persona, sino al proyecto de toda una familia, que se ve ahogado en ese momento.

Desde Proyecto Nazaret esta es la realidad que vivimos cotidianamente. No es un proyecto que trabaje con un colectivo. Trabajamos con personas con nombre, apellido, familia, historia... y sueños, muchos sueños. Nacidos antes del día que deciden salir de sus casas. A veces de mutuo acuerdo con la familia; otras, la mayoría, casi a escondidas, para evitar el sufrimiento de esa decisión. Sueños que se van transformando, rehaciendo, creciendo... en un tránsito, a veces increíblemente duro, por diferentes países. La capacidad de sus sueños es lo que les hace pasar por diferentes lugares, bajo condiciones que nunca habrían pensado, como el desierto del Sahara. Desconocemos la cantidad de personas, compañeros, que han muerto en ese inmenso cementerio que nadie quiere nombrar y los que pasan intentan olvidar para poder seguir adelante, reforzando el deseo de, un día, devolver una llamada a su familia contando que han logrado sobrevivir…

Aún deben pasar por Argelia para poder buscar trabajos en condiciones de semiesclavitud, para poder volver a ahorrar algo de dinero que le permita llegar a un destino que desconocen. Y algún día consiguen pasar a Marruecos, chocando una vez más con la realidad de una sociedad que. en una gran parte. los excluye, donde la represión policial, financiada por "los acuerdos de cooperación en materia de migración" de Europa, intenta desmontar nuevamente los sueños a base de redadas, porra y exclusión, obligándoles a vivir en la zona de montaña alejada de la población, en condiciones que nunca antes habían vivido. Y si son atrapados... vuelven al punto de partida, al desierto. Una, dos, tres, cuatro veces intentan pasar por la valla de Melilla, Ceuta, por el mar, propcurando dar lo que piensan que es el último paso de su trayecto.

Pero ese día muchos, intentando dar el paso, pensando que llegaban al lugar donde poder empezar realmente su destino se encontraron con bolas de goma que impedían su acceso a tierra. Desconcierto, miedo, rabia, coraje…Todo hundido en el mar. Y no solo con los que fallecieron. Todos los que lo vieron, los que sobrevivieron y los que no pudieron ni intentarlo. Pero también muchos de los que, en esta otra orilla, veíamos sorprendidos cómo las normas internacionales más elementales eran vulneradas.
Y es que la “política de las pelotas de goma” sigue activa. Porque una vez aquí se siguen disparando argumentos de rechazo que hunden a diario a muchas personas que solo tienen interés en trabajar, construir, crecer...

Pelotazo de goma es pedir que se vuelva en la frontera a alguien que viene huyendo de la pobreza; pelotazo de goma es negar durante 3 años la posibilidad para encontrar un contrato de trabajo, incluso queriéndolo el empleador; pelotazo de goma es también cuestionar la posibilidad de tener asistencia sanitaria... por no “ser de aquí”; pelotazo de goma es que tengas siempre que explicar que tu creencia religiosa no está cargada de violencia, como ocurre con los musulmanes.

Recordar el Tarajal y hacernos presente como Caritas es unirnos a todas aquellas personas que juntos trabajamos por entender que previo a todos los derechos está la persona, con todos los derechos reconocidos como humanos por el solo hecho de ser persona.

 

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