Viernes, 23 Octubre 2020 11:00

Cuando recibes más de lo que puedes dar

Escrito por Centro Amigo
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Dar y recibirSoy educadora de Centro Amigo desde hace ya muchos años y muchas veces me preguntan si mi trabajo es ingrato, si no me canso de ver gente que fracasa en su intento de cambiar de estilo de vida, de verlos cómo se deterioran de salud a veces o vuelven a consumir y se van de aquí. Siempre respondo que el tiempo que pasan con nosotros se queda en su vida y, en muchos casos, en su corazón, y que tenemos que trabajar por ellos con todos los recursos de los que disponemos y con el mejor de los ánimos, simplemente porque se lo merecen y para nosotros, cristianos, son nuestros hermanos y preferidos de Dios.

En todos estos años he vivido muchos momentos de desánimo y de sentir el desprecio por nuestro trabajo, momentos muy duros y difíciles, pero tengo que decir que también he vivido momentos de mucha gratitud, lecciones de humildad, de perdón, de reconocimiento a nuestra labor. He disfrutado de vivencias muy buenas y divertidas, del día a día en una casa llena de vida y de anécdotas, de risas y de un aprendizaje mutuo.

Uno de estos momentos para celebrar y dar gracias ha ocurrido hace unos días, cuando, tanto la cocinera del centro como yo, hemos recibido un regalo inesperado, una sorpresa que nos ha sobrecogido y emocionado. Y es que uno de los acogidos le ha encargado a sus hermanas que nos trajeran un ramo de rosas porque quería agradecernos la ayuda que le prestamos: a la cocinera por su labor y porque le deja ayudarla en la cocina; y a mí porque soy su tutora y era mi santo. Lo sorprendente es que es una persona que tiene un problema de memoria a corto plazo y cada día hay que recordarle las cosas más cotidianas. Nos pregunta si ha llamado a sus hermanas e hija, si puede salir, qué tarea tiene que hacer. Todos los días le explico las medidas que tenemos con el coronavirus y él lo agradece y acepta, pero no lo recuerda al día siguiente.

La cocinera me dice que fue emocionante porque ella no estaba en ese momento y le mandamos un vídeo en el que le enseñaba el ramo y le decía que viniera a recogerlo. Comenta que fue algo increíble que una persona como él le hiciera un regalo así, cuando, desde que murió su madre, nadie le había regalado nada. «Estos detalles hacen que una venga a trabajar con los mejores ánimos y con mucha ilusión por hacerlo lo mejor que pueda».

El momento en que llegaron las hermanas con los ramos de flores fue precioso ver su cara de satisfacción, su emoción y la mía al darme el ramo, con mis lágrimas cuando le pregunto que por qué este regalo y me contesta: «Porque me sale del corazón».

Como respuesta a esto, a mí lo que «me sale del corazón» es un profundo agradecimiento por tener la suerte de trabajar en un proyecto como este. Doy gracias a Dios por todas y cada una de las personas con quien he compartido estos años de mi vida en Centro Amigo, porque de cada una he aprendido y me ha hecho -espero- mejor persona.

Gracias, Centro Amigo y -especialmente hoy- Jesús.

 

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