Miércoles, 08 Julio 2020 09:44

Carmen

Escrito por Carmen
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Hoy es martes 7 de julio de 2020. Mañana me marcharé a un centro cuya plaza llevo esperando desde que entré en el Centro Amigo, un 25 de marzo de 2019. Han sido quince meses muy intensos, llenos de emociones, altibajos y aprendizajes. Han sido, desde luego, quince meses tremendamente fructíferos.

Mi vida, como saben aquellos que me conocen, ha estado definida por... una profunda indefinición. Pero estos quince meses me han ayudado a conocerme a mí misma, a identificar mis limitaciones y potencialidades. He compartido la vida con todas las personas que han querido estar en el centro durante este tiempo, con todos los trabajadores y voluntarios que participan del mismo. De todos ellos me llevo muy buenos recuerdos, buenas amistades, cariño y respeto.

Mañana será el día en el que se complete la propuesta por la que entré aquí. Mañana es el día en el que se cierra mi etapa como residente del Centro Amigo y se abren nuevas oportunidades, nuevos caminos. A pesar de esto, he aprendido que soy quien soy gracias a ese camino recorrido durante toda mi vida. La experiencia en el Centro Amigo me lleva a sentirme parte del mismo.

Mi etapa en el Centro Amigo me ha servido para reconocer mi enfermedad, asumirla, conocerme para prevenir... He vivido momentos intensos: la participación en la campaña "Nadie Sin Hogar". He podido dar mi testimonio en una serie de espacios donde me he sentido, por primera vez en mucho tiempo, arropada, escuchada y comprendida. He vivido una Navidad en familia, como hacía años que no disfrutaba. Incluso he vivido una pandemia, en la que, a pesar de las dificultades y adversidades, me ha servido para valorar mejor lo que significa la cotidianidad y el día a día. He disfrutado colaborando en una serie de actividades lúdicas y festivas: un carnaval, canciones, vídeos.

A veces me considero una persona negativa, tiendo a estar baja de ánimos... Pero, cuando echo la vista atrás, la valoración que hago de este tiempo es positiva, no recuerdo los momentos negativos y puede que eso signifique que estoy aprendiendo a amar la vida en general y mi vida en particular.

Evidentemente, no voy alegre. Dejo a gente a la quiero atrás, y eso, como es normal, es doloroso. Pero sé que es lo que tengo que hacer. Es un dolor llevadero gracias a la esperanza de seguir caminando. He tenido dudas, pero me he sentido acompañada mientras las resolvía. Ese acompañamiento, desde lo humano, desde la cercanía, me ha hecho sentir que soy digna igual que cualquier persona, y eso es muy importante. Entender que las personas que en un momento dado vivimos en el Centro Amigo tenemos la misma dignidad que cualquier ser humano es fundamental para que entendamos que esta casa es nuestro Hogar.

Me voy y es el momento de dar las gracias.

Gracias a cada uno de los compañeros que han pasado por aquí durante estos quince meses. De una forma u otra he recibido y sentido el cariño de muchos de vosotros.

Gracias a los trabajadores del centro. El cariño que os tengo hará que siempre estéis en mis recuerdos. No perderé el contacto con esta casa de una forma u otra.

 

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