Lunes, 29 Junio 2020 12:41

Vacaciones

Escrito por Antonio Pérez
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"...Esas son mis vacaciones". Así finalizaba la redacción con la que Morgan Evans, un joven minero del norte de Gales, impresionó por su talento a Miss Moffat, la veterana profesora empeñada en que los niños y jóvenes de la cuenca minera aprendieran a leer y escribir correctamente, y no estuvieran condenados desde pequeños al trabajo en la mina.
 
En la película "El trigo está verde" Katharine Hepburn da vida a la vieja profesora Miss Moffat, quien, al final de su vida docente, llega a un pequeño pueblo minero en el que hace todo lo posible por sacar a los jóvenes del único y negro futuro que la mina les ofrece. Cuando, por la falta de resultados, está a punto de tirar la toalla, llega a sus manos la redacción de uno de sus alumnos, Morgan Evans. Para responder a la petición de la profesora de escribir algo sobre las vacaciones, el joven minero describe el significado de esta palabra mientras trabaja a muchos metros bajo el suelo, donde el aire es irrespirable y apenas se puede ver algo, pero que, incluso en esas duras condiciones es capaz de sentir su significado, puede ver los árboles, sentir la brisa del aire "...cuando camino en la oscuridad y puedo tocar con mis manos donde el trigo está verde".
 
Así describía Evans lo que para él eran sus vacaciones en la mina. Durante el tiempo que hemos permanecido en casa hemos deseado, más si cabe que años anteriores, hacer posible la realidad de disfrutar de este concepto, bien estando con amigos y familiares, compartiendo ratos de ocio y diversión, o simplemente no teniendo las obligaciones diarias del resto del año.
 
Alguien que se vio obligado a vivir largos períodos lejos de su familia por motivos laborales me contaba que lo más duro no era trabajar lejos de casa, sino los días en que precisamente se dedicaban al descanso. Esos días de fiesta, para alguien que no puede disfrutarlos por encontrarse lejos de los suyos, son los que hacen más palpable esta carencia. Quizás por eso, quiero pensar que para nuestros jóvenes del proyecto Nazaret, los días del confinamiento, aún basados en la prohibición de hacer muchas cosas, no han supuesto un endurecimiento especial en sus condiciones de vida. Al suponer una carencia generalizada para toda la población, se difumina esta necesidad con la que llevan años conviviendo, sin que una pandemia se la tenga que recordar, por lo que supongo que ha podido ser más llevadera que para el resto, pues ya antes del encierro les faltaba el cariño de los suyos y ya antes estaban condenados a no poder ver a familiares y amigos, igual que durante el confinamiento.
 
Pero lo que para unos ha significado la vuelta a la llamada "nueva normalidad", para ellos no ha sido más que volver a la "vieja anormalidad", esa en la que el concepto de vacaciones no tiene cabida, por el simple hecho de que este concepto de descanso en días de fiesta no existe cuando, sencillamente, no existen “días de fiesta”.
 
Tengo que reconocer que, de los chicos y chicas que comparten el viaje en el proyecto Nazaret, quienes más me impresionan son quienes dejaron a miles de kilómetros a sus hijos pequeños. Sólo imaginar las horas muertas de estos chicos pensando en quienes dejaron atrás estremece.
 
Si les pidiéramos una redacción igual que hizo Miss Moffat, podríamos encontrarnos con alguno que nos contara algo como ..."cuando en estas noches de verano el calor no me deja dormir, en la oscuridad de la habitación cojo en brazos al pequeño. Muy despacio y en voz baja le leo el cuento de siempre, el que más le gusta. Puedo sentir su respiración, tocar su frente para secar el sudor y observar cómo se va quedando dormido. Mientras, mi esposa termina de recoger la casa, apagamos la luz y nos vamos a dormir... Esas son mis vacaciones".

 

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