Jueves, 21 Noviembre 2019 10:59

Derecho a la vida

Escrito por NAZARET
Valora este artículo
(1 Voto)

FOTO DANIELATres kilos trescientos gramos. Muy rosadita, aunque con pequeñas manchas en la piel. Manos pequeñas, pero inquietas, como queriendo experimentar con el tacto tanta novedad por descubrir.

Su madre, rebosante de alegría, aunque con dificultad de expresarla por el cansancio de varias horas de parto en que su hija intentaba asomarse a este mundo y no se atrevía por no saber que habría fuera…

Así, como otros muchos partos, ha sido el nacimiento de la hija de una de las personas que está ahora acogida en el Proyecto Nazaret: único y al mismo tiempo ancestral. Y casi sin quererlo, todos y todas volcamos en ese momento cantidad de experiencias propias y ajenas, cargadas de alegrías, de cuidados, de recomendaciones… Porque la vida no debiera pararse en ese momento en nada más, ni en preguntar por orígenes, ni por la capacidad de demostrar si eres de aquí o de allá a través de unos papeles…

Sin embargo, pronto, muy pronto, sobre la pequeña habrá que tomar decisiones: elegir si quiere ser española porque ha nacido aquí o del lugar de origen de la madre. Y no es vana la decisión, si decide ser “extranjera”, por conservar sus raíces, puede verse obligada a renunciar a muchos de los derechos ciudadanos que cualquiera de los que hemos nacido aquí tenemos. Si decide ser española, tendría que esperar un año a serlo, y probablemente también, si no hay leyes que permitan la doble nacionalidad, también perdería la posibilidad de sentirse plenamente heredera de la cultura de sus padres. No es cuestión de organización administrativa: esa decisión la puede colocar en espacios muy diferentes de cara a tener más o menos derechos.

En muchos casos parecidos, nos podemos encontrar que esta decisión suponga que los hijos tengan más derechos que los padres, y que incluso, éstos puedan ser expulsados del país, y ellos no. No. No estoy hablando de Estados Unidos, sino de nuestro país y sus leyes. Leyes que para ciudadanos y ciudadanas de otros lugares les obligan, por decreto a la exclusión. Leyes que no buscan ofrecer espacios para la integración, salvo que se venga con dinero suficiente para comprar esa integración. Leyes que no contemplan las realidades humanas de personas que ya están aquí y viven con nosotros desde hace tiempo: aunque tengan posibilidades de tener un contrato de trabajo en mano, aunque lleves más de 10 años y aún no puedas votar como ciudadano, aunque vivas entre vecinos que puedan testificar tu residencia y no puedas optar al padrón por carecer de otros documentos… Frente a lo que se dice en los discursos, lo que prima no son los esfuerzos para crear espacios de encuentro, sino limitar los derechos de quien no nació aquí.

Efectivamente, el nacimiento de nuestra pequeña nos invita a valorar la vida en si y por si, tal cual, con toda su dignidad, esa dignidad que nadie nos la otorga, sino que nos viene dada, regalada, aunque luego tengamos que luchar toda una vida para que se nos reconozca.
 

Visto 252 veces

Artículos relacionados (por etiqueta)

Please publish modules in offcanvas position.