Miércoles, 17 Abril 2019 11:47

Notre Dame, como la humanidad, de un valor incalculable

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Notre DameComo si se quemara algo propio, muchos sentimos cómo ardía, delante de nuestros ojos, porque la globalización de los medios así lo permite, la catedral de Notre Dame de París. Y de forma unánime se expresaba que, en el fondo, lo que ardía era un símbolo, una realidad con la que se identifica mucha gente a nivel mundial. Una señora marroquí, musulmana, reconocía que lo que ardía era algo que está por encima de su ser religioso, era el reflejo de una parte de nuestra historia común.

Este desastre ha conmovido a muchas personas, que muchos hasta ahora no conocíamos, y se han comprometido con grandes sumas de dinero para reconstruir el edificio caído. El propio primer ministro francés se comprometía a crear de forma inmediata un fondo para hacer frente a lo costosa que será la reconstrucción. Los diputados empiezan a hacer ofrecimientos de partes de su salario... Todo un movimiento de solidaridad incuestionable.

En el mismo espacio informativo, y no como una noticia nueva, sino como una realidad continuada, aparecía la realidad de Yemen y la hambruna creciente que está provocando la muerte de una inmensa cantidad de personas. Y en ese mismo espacio, se hablaba de la prohibición de paso del barco Aita Mari que llevaba una "sospechosa" carga humanitaria para repartir entre personas que se han jugado la vida por sobrevivir. Y no en el mismo espacio, porque no se puede informar todos los días de la misma realidad, pero sí al mismo tiempo, miles de personas siguen arriesgando sus vidas, y perdiéndola en muchas ocasiones (solo en lo que llevamos de año sabemos que van más de 300 personas ahogadas en el Mediterráneo y el Estrecho) intentando alcanzar un lugar donde dar dignidad a sus vidas.

Las migraciones forzadas, unidas y a veces como consecuencia del grave deterioro ambiental provocado por un mundo que se hace insostenible por sus hábitos de consumo, es el reflejo de otra realidad que se derrumba: la de nuestro planeta como casa de todos y todas. Sin embargo, esta realidad, que la vemos también a diario ante nuestros ojos, no solo no mueve a las grandes potencias a buscar soluciones, sino que se refuerzan y escudan pensando que lo que se desmorona es "lo de fuera". Y se amurallan, gastando enormes sumas de dinero, pensando que cerrando los ojos la realidad dejará de existir y el problema se acabará

Hasta ahora, el símbolo que nos identificaba como personas era la Humanidad, entendida como la forma que tenemos de conmovernos al ver una realidad, de sentir que, nazcas donde nazcas, tienes el mismo valor como persona. Y la misma globalización que nos ha mostrado en vivo el desastre de Notre Dame, nos muestra a diario la realidad de dolor, sufrimiento y muerte ante la que quedamos impasibles.

¿Será que la solidaridad y el reconocimiento de que toda persona tiene la misma dignidad han dejado ser los símbolos que nos representan como humanos?

Sabemos que no es solo cuestión de enviar más fondos, pero si de revisar la prioridad del destino de los mismos, y asegurarnos si van encaminados a mejorar las condiciones de vida de todos, si no queremos seguir siendo espectadores impasibles del derrumbe de nuestros verdaderos valores, y con ello, el desplome de una sociedad que queremos construir como espacio para todos y todas.

 

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