GRAVE EXCLUSIÓN

 

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy,
ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada.

("Los nadies", de Eduardo Galeano

 

Los nadies, los habitantes de la calle y la intemperie social, con sus vidas rotas y marcadas por el deterioro y la pérdida, por la desvinculación y la desatención, por la desprotección y el abandono, por el rechazo y la negación de sus derechos humanos y sociales. A estas realidades -personales y sociales- nos referimos cuando hablamos de grave exclusión.

"Cuánto mal nos hace fingir que no nos damos cuenta de Lázaro que es excluido y rechazado", advierte el Papa Francisco.

Y, por eso, estas son nuestras opciones: estar con los que más sufren, con los decartados, con los invisibles, con los últimos; conocerlos y reconocerlos en su dignidad; hacernos presentes en los espacios que la sociedad considera inútiles e invisibles; iluminar y desvelar realidades sociales ocultas e inaceptables; dar gratis; procurar calidad y calidez; invertir en los no rentables.
 

 

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