Jueves, 09 Julio 2020 08:33

Naby y la irregularidad sobrevenida

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Naby ha vivido durante estos años en un tablero, a modo de un juego de la Oca en el que, si trabajas, avanzas hacia la casilla de la documentación o, si te quedas en paro o resuelven que no eres digno de ser protección internacional, te mandan a la casilla de salida otra vez. Él, igual que muchos, sabe lo que es vivir con la tranquilidad de llevar un permiso de residencia en la cartera, pero también lo fácil que resulta perderlo, como le acaba de ocurrir.
 
Naby es de Guinea Conakry, no tiene todavía 30 años y llegó en patera a las costas españolas huyendo de su país. Nada fue fácil. Pidió asilo y en la fase 1 lo trasladaron a Sevilla, a la casa Nazaret de Cáritas. Poco después comenzó a vivir en una de las comunidades que los Misioneros Claretianos tenemos en Heliópolis. Lleva unos cuantos años en España, los últimos trabajando, gracias a un curso de un año que hizo en Cáritas sobre mantenimiento de edificios. Hace unos meses resolvieron en su contra como demandante de protección internacional. 
 
La burocracia que rodea todo lo que tenga que ver con la documentación y la falta de información son una barrera que mantiene bloqueados a los inmigrantes. Ahora, Naby se encuentra de nuevo en la casilla de salida, como si todo lo realizado sirviera de nada. Y lo peor es que la situación de irregularidad sobrevenida, como se conoce en términos administrativos, con las correspondientes consecuencias añadidas, planea sobre mi amigo y mi hermano. Y hay que moverse rápido para que no se esfume de un plumazo todo su proyecto migratorio. 
 
En la actualidad, "los papeles" caducan y están sujetos a una renovación que, a su vez, depende de la permanencia en el empleo. Las renovaciones, por otro lado, requieren de un tiempo de espera que, si es mayor que lo deseable, hacen que la persona vuelva a encontrarse situada en el terreno de esa "irregularidad sobrevenida". Todo se traduce en una ecuación muy simple: si no hay trabajo, no hay papeles; y si no hay papeles, no hay trabajo. 
 
Obtener los papeles no implica el fin de la tortura. Se suma al estado de inquietud y angustia el trato deshumanizado que, en ocasiones, se recibe en el ámbito de la administración pública: dificultades para tramitar los documentos, el trato desganado y despectivo, las malas caras, la desidia de los servidores públicos. 
 
Por ello, Cáritas, junto con otras muchas organizaciones, ha revindicado que es necesario articular una solución legal a los problemas originados por la irregularidad sobrevenida, la que sitúa a Naby y a todas los migrantes que hasta ayer mismo tenían autorización de residencia en el lindero de la vulnerabilidad y de la exclusión. 
 
Urge reformar una norma que provoca que una persona hoy sea residente y vecino de nuestra ciudad, y mañana se convierta en una persona abocada a la irregularidad. Dado que la "irregularidad sobrevenida" tiene su origen, mayoritariamente, en la vinculación directa del permiso de residencia a la situación laboral del titular, creo que, en un contexto como el actual, la exigencia de esa vinculación supone romper un proceso de integración ya en marcha, arrojar a las personas a un proceso de exclusión y malgastar una inversión social que sería mucho más útil bien situada. 
 
Esta irregularidad sobrevenida conduce, además, a la pérdida de otros derechos sociales y económicos, como es la imposibilidad de recibir asistencia médica salvo en el caso de urgencia según la legislación actual. 
 
Es una larga hilera de casillas por sortear para personas como Naby, como para tantos y tantos que llegan a nuestra Europa de los derechos fundamentales buscando un sueño que es muy cuesta arriba y que podría ser mucho más fácil. Naby lo resume en una frase: "Aquí en España, el que no tiene papeles no existe". Y es verdad. Son demasiadas casillas las que en este tablero te devuelven al punto de salida. Son necesarias más casillas para seguir avanzando. 
Miércoles, 08 Julio 2020 09:44

Carmen

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Hoy es martes 7 de julio de 2020. Mañana me marcharé a un centro cuya plaza llevo esperando desde que entré en el Centro Amigo, un 25 de marzo de 2019. Han sido quince meses muy intensos, llenos de emociones, altibajos y aprendizajes. Han sido, desde luego, quince meses tremendamente fructíferos.

Mi vida, como saben aquellos que me conocen, ha estado definida por... una profunda indefinición. Pero estos quince meses me han ayudado a conocerme a mí misma, a identificar mis limitaciones y potencialidades. He compartido la vida con todas las personas que han querido estar en el centro durante este tiempo, con todos los trabajadores y voluntarios que participan del mismo. De todos ellos me llevo muy buenos recuerdos, buenas amistades, cariño y respeto.

Mañana será el día en el que se complete la propuesta por la que entré aquí. Mañana es el día en el que se cierra mi etapa como residente del Centro Amigo y se abren nuevas oportunidades, nuevos caminos. A pesar de esto, he aprendido que soy quien soy gracias a ese camino recorrido durante toda mi vida. La experiencia en el Centro Amigo me lleva a sentirme parte del mismo.

Mi etapa en el Centro Amigo me ha servido para reconocer mi enfermedad, asumirla, conocerme para prevenir... He vivido momentos intensos: la participación en la campaña "Nadie Sin Hogar". He podido dar mi testimonio en una serie de espacios donde me he sentido, por primera vez en mucho tiempo, arropada, escuchada y comprendida. He vivido una Navidad en familia, como hacía años que no disfrutaba. Incluso he vivido una pandemia, en la que, a pesar de las dificultades y adversidades, me ha servido para valorar mejor lo que significa la cotidianidad y el día a día. He disfrutado colaborando en una serie de actividades lúdicas y festivas: un carnaval, canciones, vídeos.

A veces me considero una persona negativa, tiendo a estar baja de ánimos... Pero, cuando echo la vista atrás, la valoración que hago de este tiempo es positiva, no recuerdo los momentos negativos y puede que eso signifique que estoy aprendiendo a amar la vida en general y mi vida en particular.

Evidentemente, no voy alegre. Dejo a gente a la quiero atrás, y eso, como es normal, es doloroso. Pero sé que es lo que tengo que hacer. Es un dolor llevadero gracias a la esperanza de seguir caminando. He tenido dudas, pero me he sentido acompañada mientras las resolvía. Ese acompañamiento, desde lo humano, desde la cercanía, me ha hecho sentir que soy digna igual que cualquier persona, y eso es muy importante. Entender que las personas que en un momento dado vivimos en el Centro Amigo tenemos la misma dignidad que cualquier ser humano es fundamental para que entendamos que esta casa es nuestro Hogar.

Me voy y es el momento de dar las gracias.

Gracias a cada uno de los compañeros que han pasado por aquí durante estos quince meses. De una forma u otra he recibido y sentido el cariño de muchos de vosotros.

Gracias a los trabajadores del centro. El cariño que os tengo hará que siempre estéis en mis recuerdos. No perderé el contacto con esta casa de una forma u otra.

Lunes, 29 Junio 2020 12:41

Vacaciones

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"...Esas son mis vacaciones". Así finalizaba la redacción con la que Morgan Evans, un joven minero del norte de Gales, impresionó por su talento a Miss Moffat, la veterana profesora empeñada en que los niños y jóvenes de la cuenca minera aprendieran a leer y escribir correctamente, y no estuvieran condenados desde pequeños al trabajo en la mina.
 
En la película "El trigo está verde" Katharine Hepburn da vida a la vieja profesora Miss Moffat, quien, al final de su vida docente, llega a un pequeño pueblo minero en el que hace todo lo posible por sacar a los jóvenes del único y negro futuro que la mina les ofrece. Cuando, por la falta de resultados, está a punto de tirar la toalla, llega a sus manos la redacción de uno de sus alumnos, Morgan Evans. Para responder a la petición de la profesora de escribir algo sobre las vacaciones, el joven minero describe el significado de esta palabra mientras trabaja a muchos metros bajo el suelo, donde el aire es irrespirable y apenas se puede ver algo, pero que, incluso en esas duras condiciones es capaz de sentir su significado, puede ver los árboles, sentir la brisa del aire "...cuando camino en la oscuridad y puedo tocar con mis manos donde el trigo está verde".
 
Así describía Evans lo que para él eran sus vacaciones en la mina. Durante el tiempo que hemos permanecido en casa hemos deseado, más si cabe que años anteriores, hacer posible la realidad de disfrutar de este concepto, bien estando con amigos y familiares, compartiendo ratos de ocio y diversión, o simplemente no teniendo las obligaciones diarias del resto del año.
 
Alguien que se vio obligado a vivir largos períodos lejos de su familia por motivos laborales me contaba que lo más duro no era trabajar lejos de casa, sino los días en que precisamente se dedicaban al descanso. Esos días de fiesta, para alguien que no puede disfrutarlos por encontrarse lejos de los suyos, son los que hacen más palpable esta carencia. Quizás por eso, quiero pensar que para nuestros jóvenes del proyecto Nazaret, los días del confinamiento, aún basados en la prohibición de hacer muchas cosas, no han supuesto un endurecimiento especial en sus condiciones de vida. Al suponer una carencia generalizada para toda la población, se difumina esta necesidad con la que llevan años conviviendo, sin que una pandemia se la tenga que recordar, por lo que supongo que ha podido ser más llevadera que para el resto, pues ya antes del encierro les faltaba el cariño de los suyos y ya antes estaban condenados a no poder ver a familiares y amigos, igual que durante el confinamiento.
 
Pero lo que para unos ha significado la vuelta a la llamada "nueva normalidad", para ellos no ha sido más que volver a la "vieja anormalidad", esa en la que el concepto de vacaciones no tiene cabida, por el simple hecho de que este concepto de descanso en días de fiesta no existe cuando, sencillamente, no existen “días de fiesta”.
 
Tengo que reconocer que, de los chicos y chicas que comparten el viaje en el proyecto Nazaret, quienes más me impresionan son quienes dejaron a miles de kilómetros a sus hijos pequeños. Sólo imaginar las horas muertas de estos chicos pensando en quienes dejaron atrás estremece.
 
Si les pidiéramos una redacción igual que hizo Miss Moffat, podríamos encontrarnos con alguno que nos contara algo como ..."cuando en estas noches de verano el calor no me deja dormir, en la oscuridad de la habitación cojo en brazos al pequeño. Muy despacio y en voz baja le leo el cuento de siempre, el que más le gusta. Puedo sentir su respiración, tocar su frente para secar el sudor y observar cómo se va quedando dormido. Mientras, mi esposa termina de recoger la casa, apagamos la luz y nos vamos a dormir... Esas son mis vacaciones".

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