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Notre DameComo si se quemara algo propio, muchos sentimos cómo ardía, delante de nuestros ojos, porque la globalización de los medios así lo permite, la catedral de Notre Dame de París. Y de forma unánime se expresaba que, en el fondo, lo que ardía era un símbolo, una realidad con la que se identifica mucha gente a nivel mundial. Una señora marroquí, musulmana, reconocía que lo que ardía era algo que está por encima de su ser religioso, era el reflejo de una parte de nuestra historia común.

Este desastre ha conmovido a muchas personas, que muchos hasta ahora no conocíamos, y se han comprometido con grandes sumas de dinero para reconstruir el edificio caído. El propio primer ministro francés se comprometía a crear de forma inmediata un fondo para hacer frente a lo costosa que será la reconstrucción. Los diputados empiezan a hacer ofrecimientos de partes de su salario... Todo un movimiento de solidaridad incuestionable.

En el mismo espacio informativo, y no como una noticia nueva, sino como una realidad continuada, aparecía la realidad de Yemen y la hambruna creciente que está provocando la muerte de una inmensa cantidad de personas. Y en ese mismo espacio, se hablaba de la prohibición de paso del barco Aita Mari que llevaba una "sospechosa" carga humanitaria para repartir entre personas que se han jugado la vida por sobrevivir. Y no en el mismo espacio, porque no se puede informar todos los días de la misma realidad, pero sí al mismo tiempo, miles de personas siguen arriesgando sus vidas, y perdiéndola en muchas ocasiones (solo en lo que llevamos de año sabemos que van más de 300 personas ahogadas en el Mediterráneo y el Estrecho) intentando alcanzar un lugar donde dar dignidad a sus vidas.

Las migraciones forzadas, unidas y a veces como consecuencia del grave deterioro ambiental provocado por un mundo que se hace insostenible por sus hábitos de consumo, es el reflejo de otra realidad que se derrumba: la de nuestro planeta como casa de todos y todas. Sin embargo, esta realidad, que la vemos también a diario ante nuestros ojos, no solo no mueve a las grandes potencias a buscar soluciones, sino que se refuerzan y escudan pensando que lo que se desmorona es "lo de fuera". Y se amurallan, gastando enormes sumas de dinero, pensando que cerrando los ojos la realidad dejará de existir y el problema se acabará

Hasta ahora, el símbolo que nos identificaba como personas era la Humanidad, entendida como la forma que tenemos de conmovernos al ver una realidad, de sentir que, nazcas donde nazcas, tienes el mismo valor como persona. Y la misma globalización que nos ha mostrado en vivo el desastre de Notre Dame, nos muestra a diario la realidad de dolor, sufrimiento y muerte ante la que quedamos impasibles.

¿Será que la solidaridad y el reconocimiento de que toda persona tiene la misma dignidad han dejado ser los símbolos que nos representan como humanos?

Sabemos que no es solo cuestión de enviar más fondos, pero si de revisar la prioridad del destino de los mismos, y asegurarnos si van encaminados a mejorar las condiciones de vida de todos, si no queremos seguir siendo espectadores impasibles del derrumbe de nuestros verdaderos valores, y con ello, el desplome de una sociedad que queremos construir como espacio para todos y todas.

Jueves, 11 Abril 2019 09:47

Sospechosos de solidaridad

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MIGUEL ROLDAN

 

Hay una ley de tráfico que nos obliga a pararnos cuando vemos un accidente en carretera para poder al menos llamar a los servicios de urgencia y que puedan intervenir sobre la situación. De no hacerlo nos pueden acusar de un delito de omisión de socorro.

Esta ley se extiende a todos los ámbitos de la vida, de tal manera que además del sentimiento de solidaridad y de la ética personal, el derecho nos obliga a actuar.

Sin embargo, últimamente nos estamos acostumbrando a que esta ley se viole, no ya desde determinadas personas, sino desde los mismos estados, que se niegan al socorro de personas en el mar, sin cuya ayuda están destinadas como tantas otras a morir. Se impide la salida de barcos de salvamento, que con dinero privado son ya casi los únicos que se dedican a estar atentos a los posibles naufragios en las rutas de llegada de inmigrantes. Y se amenaza a quien esto hace de estar colaborando con la trata de personas, con incentivar la inmigración ilegal, con facilitar la entrada a personas indocumentadas a las que nadie pregunta ya de donde vienen ni de qué huyen.

Decía algún partido político que esto es como poner un autobús con paradas a demanda. A nadie le importa si quien pide “la parada” se está jugando la vida. Con el más frio de los cinismos se ignora la situación de quien pide socorro.

Gran parte de esta labor la ha estado haciendo hasta ahora la asociación Caminando Fronteras, y a su cabeza Helena Maleno, que ha visto cómo se le acusaba y juzgaba de un delito de alta solidaridad, hasta que la imposibilidad de mostrar pruebas la ha dejado en libertad. Nos congratulamos con ella y animamos a seguir su labor.

En estos momentos una corriente surgida desde la Plataforma Somos Migrantes, en la que Caritas participa, está prestando apoyo a Miguel Roldán, bombero sevillano, que también cometió el delito de gastar su dinero y su tiempo personal para salvar vidas, literalmente sacarlas del agua, en Grecia, y ahora se expone a un juicio en Italia. Dejamos claramete expresado desde aquí que salvar vidas no es delito; impedirlo sí lo es. Y apoyamos con todo el coraje a Miguel para saber que la irracionalidad de algunos no podrá con la logica de la solidaridad. 

Animamos a todos y a todas los que creemos que este mundo todavía puede ser humano a arriesgarnos y ser sospechosos de ser gravemente solidarios, ”porque de ellos es el Reino de los Cielos”.
 

Sábado, 06 Abril 2019 17:00

Con nuestros mayores

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Con la línea de sensibilización como trabajo específico del departamento de Atención a la Grave Exclusión, durante este curso hemos visitado diferentes proyectos de mayores de la diócesis, con el objetivo de explicar y presentar el trabajo que realizamos en Cáritas con personas sin hogar.

Para ello, agentes de los diferentes proyectos de atención a personas sin hogar de las Cáritas parroquiales y del Centro Amigo, hemos podido compartir un pequeño espacio con cada uno de los proyectos de mayores.

Para nosotros, ha sido muy gratificante comprobar que los mayores de las parroquias de San Juan de Ribera, Nuestra Señora de la Antigua y Beato Marcelo Espínola, San Francisco de Asís, Jesús de Nazaret y Sagrado Corazón están con nosotros en la idea de que un mundo con hogares para todos es posible.

Agradecemos la acogida recibida, la atención mostrada y que nos hayan incorporado en sus oraciones diarias. De la misma forma, deseamos una feliz cuaresma a todos los mayores con los que hemos compartido estos momentos.
 

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